La libertad religiosa, expresaba  Jaume Llenas en la anterior entrevista,  es un bien común que debe encontrar un espacio libre para su ejercicio, no sólo en la vida privada, sino también en la vida pública.Sin embargo, esta expresión no siempre encuentra una gestión adecuada. Las diferencias radicales en algunos asuntos entre las convicciones de unos y otros produce choques, lo que ha llevado a graves conflictos en la historia. Por eso, Llenas advierte, en este segundo acercamiento al tema, de la necesidad apremiante del uso del diálogo para llegar al acuerdo, y así poder aumentar el respeto por el que piensa distinto.

 

El secretario general de la Alianza Evangélica Española analiza el estado de la libertad religiosa en nuestro país. Sin necesidad de acudir a la historia, concluye que“parece difícil” convivir en un mundo en el que hay tantas convicciones. 

Por eso considera que “debemos volver a la libertad de conciencia, que le pertenece a todo ciudadano. Es un derecho, por el que cada persona puede creer lo que quiera, y tiene derecho a profesarlo y a reunirse con quienes piensen como él”. En este sentido cobra un papel importante el Estado, como protector de derechos. “El grado de justicia de una sociedad, su grado de opresión, se mide por el respeto a las minorías”,apunta Llenas.

El conflicto surge ya en nosotros mismos. “A los seres humanos nos gusta la uniformidad. A veces caemos en cuestiones ridículas, impidiendo a personas que se vistan como quieran. Debemos defender la libertad de cada uno de comportarse, creer o vestir como desee. Por ejemplo, si una chica musulmana quiere ponerse un velo, debemos defender su derecho. Pero si no quiere y sus padres le quieren obligar, debemos defenderla”, explica el secretario general de la AEE.

LAS CONVICCIONES RELIGIOSAS
Pero ¿dónde está el límite entre ceder o negociar en aspectos que nos parezcan fundamentales? Primero, Llenas apunta que el tener “convicciones profundas” es una ayuda para respetar a los otros. “El relativismo a veces es muy absolutista, porque parece que la tolerancia absoluta es el único estándar admitido”.

Las personas de convicciones firmes, como los cristianos, deben entender que “el límite de mi derecho fundamental está en el derecho del otro”.

Como ejemplo, Jaume Llenas plantea el caso del debate sobre el aborto. “Mi ideología es que no se debería abortar. Esta es la eliminación de una persona, no quiero ir más allá, porque entiendo que el respeto a la vida es algo fundamental. Pero entiendo que en una sociedad no todos piensan como yo. No voy a cambiar de convicciones, pero eniendo que debemos llegar a un consenso social. Debo llegar a un punto en el que haya un encuentro, que será malo para el otro y para mí, pero no podré imponerlo”.

Para ese encuentro es necesario cultivar el diálogo. “Debemos llegar al encuentro social, porque todo el mundo intenta imponer su voluntad. El respeto a las convicciones de los demás nos haría una sociedad mucho mejor”, apunta Llenas, que considera que “el diálogo debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas porque no estamos acostumbrados a dialogar”.

Por otra parte, los cristianos “tenemos que entender que la sociedad no es cristiana; no vivimos en la Ciudad de Dios, sino en Babilonia, donde no hay criterios cristianos.Tenemos que pensar qué haría Jesús si estaría aquí. ¿Quemaría a todos, como le decían sus discípulos una vez? Si quieres que fuego consuma a todos los que no piensan como tú, tienes un espíritu distinto al de Cristo”.

“CASO OASIS” Y ALIANZA EVANGÉLICA DEL REINO UNIDO
Uno de los asuntos analizados es el caso de Oasis, entidad de gran peso sociale en Inglaterra, que ha sido  expulsada de la Alianza Evangélica en Reino Unido por su apoyo al matrimonio homosexual.

Para Jaume Llenas, es necesario entender que “la pertenencia a un colectivo tiene un contenido.Hoy lo que nos pasa es que tratamos de mantener los nombres y vaciar los contenidos. Otros quieren redefinir el contenido. Uno es libre de mantener sus convicciones, pero si su ética, su moral, no se corresponde con el común, no tiene sentido que se quieran seguir llamando evangélicos”. Esa diferencia “no quiere decir que una persona sea menos honorable, no es un demérito, sino que las cosas tienen un contenido y uno no puede redefinirlas a su gusto”, por que “no es dejar de amar al otro decirle que sus contenidos no son iguales a los míos, aún cuando pueda seguir valorando el trabajo que realice”.

LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Un asunto fundamental en la actualidad es la libertad de expresión y su regulación, sobre todo en el contexto de las redes sociales. Jaume Llenas apunta como en la actualidad hay una legislación vigente que regula aquello que expresamos en público. “No se puede fomentar el odio, la exterminación del otro, ni hacer apología del odio o la violencia”.

El problema se encuentra al poner el límite. ¿Es éticamente aceptable una viñeta sobre Mahoma? ¿O oponerse a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales? “Es difícil de definir -propone Jaume Llenas-. No podemos caer en una casuística tan concreta, siempre habrá un nuevo caso que no habríamos previsto. Deberíamos dialogar más y entender que la libertad de conciencia está por encima de todas las cosas. Debemos permitirle al otro transmitir cosas que para mí son dolorosas”.

“La gente -explica el abogado- tiene derecho a decir cosas que para mí son hirientes,porque la libertad de conciencia es muy importante. Pero no se puede promover el odio, el exterminio, no se puede hacer apología de un asesinato”.

EL PAPEL DEL ESTADO
Una de las responsabilidades del Estado es mantenerse neutral ante todas las religiones. “El Estado, en su ejercicio diario, debe entender que es una sociedad plural. Las sociedades uniformes se han acabado. Nadie puede patrimonializar el Estado. Un entorno laico quiere decir un estado que no es confesional, no que es de los que no creen nada, sino de todos los que creen”, dice Jaume Llenas.

“El hecho de que las minorías sean escuchadas es muy importante. Así nadie se sentiría excluido”, dice el secretario general de la Alianza Evangélica Española. “En materia religiosa, nadie debería tener ventajas financieras, culturales o sociales. Las leyes, a la vez que expresan la voluntad de los ciudadanos, no deberían beneficiar a ninguno. Un presidente puede tener unas convicciones, pero cuando actúa como presidente no tiene favoritismo por una en concreto. Él es el presidente de todos”.

“Es difícil la distinción, pero el Estado no debería celebrar actos de una confesión como actos de Estado”, concluye Jaume Llenas.

Editado por: Protestante Digital 2014

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